jueves, 3 de mayo de 2012

FOBIAS EN LAS PERSONAS

¿Que es una FOBIA?


Una fobia (personificación del miedo) es un trastorno de salud emocional que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas como, por ejemplo, a los insectos (entomofobia) o a los lugares cerrados (claustrofobia). Sin embargo, no es sencillamente un miedo, pues guardan grandes diferencias. También se suele catalogar como fobia un sentimiento de odio o rechazo hacia algo que, si bien no es un trastorno de salud emocional, sí genera muchos problemas emocionales, sociales y políticos (véase xenofobia, es decir, el odio a los extranjeros o extraños).


¿Como afecta la FOBIA en la persona que la padece?
Para las personas que padecen una fobia, el planeta entero es un gigantesco útero maternal, por lo menos tanto que la realidad no les hace ver lo que es falso. Esta atadura mental no es vivida forzosamente en el amor. La alimentación de ciertos fantasmas terroríficos ponen en escena una mera omnipotencia que les otorga la vida o la muerte. Esto es así, tienen la sensación de que ninguna otra persona está en condiciones de ayudarles a  enfrentarse al mundo.
Las personas con alguna fobia están encerrados en su pesadilla y creen: si cogen un avión, forzosamente tiene que estrellarse… Una persona que se encuentra en estado fóbico cesa de razonar. Si se le dice que no hay peligro alguno, pensará: “¿Y si, precisamente, hay una araña escondida bajo la cama?



TIPOS DE FOBIAS


  • Antropofobia: miedo a las personas o a la sociedad.
  • Apifobia: miedo a las avispas o a las abejas.
  • Aracnofobia: miedo a las arañas o a los arácnidos.
  • Araquibutirofobia: miedo a que algún alimento se quede incrustado entre los dientes o se pegue al paladar.
  • Astrafobia: Miedo a los relámpagos y a los truenos.
  • Autofobia: miedo de quedarse solo.
  • Belonefobia: miedo a los objetos punzocortantes (agujas, alfileres, cuchillos, navajas, sierras, jeringas, etc) comunmente relacionada con otras fobias como la hemofobia y la traumatofobia.
  • Bogifobia: miedo a los duendes y monstruos.
  • Cacofobia: Miedo a la fealdad.
  • Canofobia: miedo a los perros.








TRATAMIENTO

Para iniciar un tratamiento, lo primero es tener el diagnóstico de un profesional (ya que lo que se puede confundir con una fobia específica podría ser en realidad un trastorno de ansiedad, o algo circunstancial). Es importante conocer los diversos factores implicados en el problema (qué desencadena la fobia, qué la predispone, qué soluciones se han intentado). El paciente y el especialista deben mantener una relación fluida que les permita elaborar objetivos a alcanzarse con el tratamiento.
Las fobias específicas suelen tratarse mediante psicoterapia, que, a la vez que le enseña al paciente las causas de su fobia, le aporta técnicas para ir dominando la ansiedad ante el estímulo desencadenante. Las técnicas para controlar la respiración y la tensión muscular también pueden ser de gran utilidad.
Un tipo de tratamiento muy habitual para las fobias es el de la terapia de exposición. En ésta, poco a poco, los profesionales confrontan al paciente con la situación tan temida. El estímulo gradual y progresivo hacen que las personas de a poco vayan controlando sus temores (por ejemplo, si una persona teme a los pájaros, puede comenzar por ver una pluma, o un dibujo de un ave, y recién una vez que tolere el miedo que estos estímulos le generan, se intenta con algo más). Similar es el tratamiento conocido como desensibilización sistemática, en el cual en lugar de estímulos se recurre a la imaginación del paciente, que va proyectando en su mente al estímulo temido. En ambos ejemplos de tratamiento, la exposición o la imaginación del estímulo se detiene cuando el paciente no puede controlar su ansiedad, y se recomienza cuando se ha tranquilizado. De a poco, logra resistir períodos más largos y así se va perdiendo el miedo.
Existe otro tratamiento conocido como terapia cognitiva, en el cual se le da al paciente mucha información sobre aquella situación a la que teme, para que de esta manera vaya cobrando confianza (este tratamiento se utiliza mucho con pacientes que padecen de aerofobia –miedo a volar- y que sin embargo necesitan poder subirse a un avión debido a motivos laborales).
Sin embargo, también algunas personas optan por métodos de choque(terapias conductuales donde se produce una exposición forzada al estímulo, hasta que el paciente controle su ansiedad). El uso de psicofármacos no suele ser recomendado en el tratamiento de las fobias, debido a que, si bien puede paliar los síntomas de ansiedad, no elimina el problema.
El los últimos años, la Programación Neurolingüística se ha puesto de moda como tratamiento ante determinadas fobias, pero los resultados de la misma aún no han sido científicamente comprobados. Otros tratamientos alternativos incluyen las terapias con flores de Bach, los libros y grupos de autoayuda y la hipnosis.
Hay que tener en cuenta que una persona que padece una fobia no debe someterse a ningún tipo de tratamiento sin antes haberse puesto en manos de un profesional de la salud. Son ellos los indicados para estudiar su caso en profundidad, hacerle los exámenes clínicos correspondientes –para descartar cualquier tipo de causa médica que no responda estrictamente a la definición de fobia- y, llegado el caso, recomendarle la mejor manera de abordar el problema.
Lo fundamental a la hora de tratar una fobia es estar decidido a superarla, no desilusionarse si los resultados tardan en aparecer, ponerse metas claras y posibles (no imaginar situaciones imposibles de cumplir: una persona con cinofobia –miedo a los perros- tal vez nunca llegue a disfrutar de la convivencia con tres mastines, pero puede sentirse conforme si consigue visitar a un amigo que tiene un perro en casa sin por ello sentirse ansioso días antes. Luego hay que establecer un día determinado para comenzar el tratamiento, habiéndose armado de paciencia. Finalmente, valorar todos y cada uno de sus logros, ya que por pequeños que puedan parecer implican siempre un gran paso.



PSICOPATOLOGIA

Principalmente son los psiquiatras y psicólogos los que se interesan por esta área, pues a su vez participan del tratamiento, investigación acerca del origen de los cuadros clínicos, su manifestación y desarrollo. En un plano más general, muchas otras especialidades pueden participar del estudio de la psicopatología. Por ejemplo, los profesionales de las neurociencias pueden centrar sus esfuerzos de investigación en los cambios cerebrales que ocurren en una enfermedad o trastorno mental.
La psiquiatría se ocupa de identificar signos y síntomas que llegan a configurarse como síndromes, enfermedad o trastorno mental. Esto sirve tanto para el diagnóstico de pacientes individuales o para la creación de clasificaciones diagnósticas. Este último es el caso de la sección F de la clasificación CIE de la Organización Mundial de la Salud, o el del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, (DSM I II III o IV).
La psicología, sin embargo, aplica los conocimientos del proceso mental a la comprensión de la psicopatología, de la que se derivan disciplinas tales como la psicoterapia. Los procesos de aprendizaje y el contexto social, son por tanto, factores importantes en la explicación de la psicopatología. Desde la modificación de conducta se entiende que no existen propiedades emergentes en la identificación de psicopatología, es decir, puede describirse un trastorno en una persona concreta, pero la clasificación no explica por sí sola, sino tan sólo describe una situación con una categoría (un análisis más detallado permitiría explicar y tratar el problema en cuestión.
Debe matizarse que la propia psiquiatría también reconoce, en la introducción del DSM-IV-TR, que el diagnóstico psiquiátrico no es suficiente para disponer de un plan terapéutico, sino que se precisa más información clínica.
En un sentido más general, cualquier conducta que cause malestar, impedimento o inhabilidad, a raíz de una disrupción o deterioro de funciones cognitivas o neuroanatómicas, podría ser clasificado de psicopatología. Si bien, es preciso diferenciar la psicopatología con problemas orgánicos bien identificados (como los problemas de atención y ánimo por hipotiroidismo) de aquellos donde tales problemas son hipotéticas y el aprendizaje parece ser un agente explicativo fundamental.
Es decir: la psicopatología es una disciplina en referencia a los síntomas psicológicos de una enfermedad orgánica con una clara explicación biológica, como en el caso del hipotiroidismo; o bien, a los síntomas de trastornos psicológicos; o bien, a estados contrarios a la salud mental mediante determinados procesos mentales.
Es aquella referencia específica a un signo o síntoma que se puede encontrar formando parte de un trastorno psicológico.




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